La lluvia repiqueteando constante sobre el techo,
imperturbable, constante, marcando el ritmo de un día gris,
yo fumo mirando el sillón del patio por la ventana, mojado, solitario
otra bocanada y te imagino justamente allí sentada, desnuda y sonriendo.
Tu boca dibujando una mueca que acompaña a tus movimientos, sensuales, exactos, eternos,
me pierdo en ese gesto, el tiempo ha dejado de ser tiempo,
perpetua, hermosa, con el cuerpo desnudo y húmedo tus manos se deslizan,
hay complicidad en las miradas, hay propuestas y desafíos que solo nosotros podemos entender.
De pronto el timbre quiebra el momento, del otro lado estás vos, mojada,
la camisa adherida a tu figura revela tus pechos erguidos,
notaste mi mirada y me sonríes cómplice, me empujas hacia adentro y sonriendo me tomas la mano,
caminas despojándote de la ropa y te recuestas desafiante en el sillón, la lluvia sigue repiqueteando.
Las miradas prometen, tu cuerpo sugiere, mi mente vuela, un gesto,
el silencio y la pausa aceleran el pulso, mientras tu dedo me llama,
olvidé la lluvia, el repiqueteo fue silenciado por tus palabras que susurrándome al oído
me fueron mojando el alma.

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