
Mujer que hermosa estas así sobre mi cama,
cuanta belleza, cuanta entrega hay en tu mirada,
tus ojos hermosos, más hermosos, hoy luminosos,
invitándome a perderme en tu cuerpo.
Que hermosa, que tentación irresistible tenerte así,
hoy te llamaría pasión, deseo,
que hermosa, tu cuerpo desnudo en mi cama,
desnudos el cuerpo y el alma.
Y me invitas sin palabras,
y me acerco fundiéndonos con la mirada,
y me dices con tus ojos aquello que callas,
y te abres como un mar para que te navegue, para naufragar en tu vientre.
Tu vientre, tu vientre claro y hermoso,
cálido y suave, esperando mis labios para ser besado,
esperando mis manos para ser recorrido,
y me aferró a tu cintura y mi lengua recorre tu vientre cual fruta madura.
Y ese mar que es tu cuerpo,
ese vientre que recorro, comienza a olear entre mis brazos,
y me hundo en ti,
me pierdo en tu cuerpo convulsionado.
Y zozobro en tus brazos, en tu pecho arqueado,
y tus piernas que me aferran a tu vientre,
y susurras en mi oído las palabras que callas, que arden de pasión,
y te quemas y me quemas, y tus uñas me marcan.
Y llega el éxtasis, y tu cuerpo ya no tiene secretos,
y te tensas y te desmayas,
y vuelven mis labios a tu vientre,
tibio, claro y hermoso, a tu vientre rindo mi cara.
Y así aferrado a tu vientre,
en el que encuentro la calma,
lo beso, lo acaricio, mientras tú te relajas,
porque eres así de hermosa recostada en mi cama.
(Marcelo Ricardo Hawrylciw)
cuanta belleza, cuanta entrega hay en tu mirada,
tus ojos hermosos, más hermosos, hoy luminosos,
invitándome a perderme en tu cuerpo.
Que hermosa, que tentación irresistible tenerte así,
hoy te llamaría pasión, deseo,
que hermosa, tu cuerpo desnudo en mi cama,
desnudos el cuerpo y el alma.
Y me invitas sin palabras,
y me acerco fundiéndonos con la mirada,
y me dices con tus ojos aquello que callas,
y te abres como un mar para que te navegue, para naufragar en tu vientre.
Tu vientre, tu vientre claro y hermoso,
cálido y suave, esperando mis labios para ser besado,
esperando mis manos para ser recorrido,
y me aferró a tu cintura y mi lengua recorre tu vientre cual fruta madura.
Y ese mar que es tu cuerpo,
ese vientre que recorro, comienza a olear entre mis brazos,
y me hundo en ti,
me pierdo en tu cuerpo convulsionado.
Y zozobro en tus brazos, en tu pecho arqueado,
y tus piernas que me aferran a tu vientre,
y susurras en mi oído las palabras que callas, que arden de pasión,
y te quemas y me quemas, y tus uñas me marcan.
Y llega el éxtasis, y tu cuerpo ya no tiene secretos,
y te tensas y te desmayas,
y vuelven mis labios a tu vientre,
tibio, claro y hermoso, a tu vientre rindo mi cara.
Y así aferrado a tu vientre,
en el que encuentro la calma,
lo beso, lo acaricio, mientras tú te relajas,
porque eres así de hermosa recostada en mi cama.
(Marcelo Ricardo Hawrylciw)
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