jueves, 9 de septiembre de 2010

Tu vientre


Mujer que hermosa estas así sobre mi cama,

cuanta belleza, cuanta entrega hay en tu mirada,

tus ojos hermosos, más hermosos, hoy luminosos,

invitándome a perderme en tu cuerpo.



Que hermosa, que tentación irresistible tenerte así,

hoy te llamaría pasión, deseo,

que hermosa, tu cuerpo desnudo en mi cama,

desnudos el cuerpo y el alma.



Y me invitas sin palabras,

y me acerco fundiéndonos con la mirada,

y me dices con tus ojos aquello que callas,

y te abres como un mar para que te navegue, para naufragar en tu vientre.



Tu vientre, tu vientre claro y hermoso,

cálido y suave, esperando mis labios para ser besado,

esperando mis manos para ser recorrido,

y me aferró a tu cintura y mi lengua recorre tu vientre cual fruta madura.



Y ese mar que es tu cuerpo,

ese vientre que recorro, comienza a olear entre mis brazos,

y me hundo en ti,

me pierdo en tu cuerpo convulsionado.



Y zozobro en tus brazos, en tu pecho arqueado,

y tus piernas que me aferran a tu vientre,

y susurras en mi oído las palabras que callas, que arden de pasión,

y te quemas y me quemas, y tus uñas me marcan.



Y llega el éxtasis, y tu cuerpo ya no tiene secretos,

y te tensas y te desmayas,

y vuelven mis labios a tu vientre,

tibio, claro y hermoso, a tu vientre rindo mi cara.



Y así aferrado a tu vientre,

en el que encuentro la calma,

lo beso, lo acaricio, mientras tú te relajas,

porque eres así de hermosa recostada en mi cama.




(Marcelo Ricardo Hawrylciw)

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