martes, 3 de junio de 2014

Se deshojó en Otoño



      
       Atardeceres de otoño, una canción de Sabina como cortina de las horas que pasan,
allí en la distancia que me priva de tu cuerpo, existe un misterio que seduce,
tú allí reinando sobre el tiempo, creando espacios de contacto y ausencias,
tentándome y alejándome con una sonrisa, desplegando la belleza de las ninfas.

       Endulzas con tus palabras, agudizas mis sentidos, vienes y te clavas en mi pecho,
susurras como una brisa tus sentimientos, te enciendes y te apagas,
estás tan lejana y a la vez tan cerca, que eres omnipresente,
como un hechizo llegan tus frases, como un huracán sacudes mi inspiración.

       Te vistes de musa, elevas las velas de mi barca y me obligas a navegar,
no hay rumbo, ni estrellas para guiarme, solo esa sutil melodía que cantas en soledad,
y así, como si solo pudieras existir desnuda, te despojas de lo que te cubre
para deshojarte en otoño y esperar a que ancle en tus caderas.

       Ya conozco tu mapa, ese rompecabezas que es tu cuerpo en mi mente, 
hay señales desplegadas, esperando ser recorridas, llanuras por lamer,
curvas para acariciar, lunares y bahías por besar, todo comienza y concluyé en tu sí, 
en tu mirada,  en el extásis de un orgasmo que concluya en primavera.


       

lunes, 3 de marzo de 2014

Hoguera de un amanecer

  
Si la noche ha encendido la hoguera, alimentada por besos y caricias,
si tu aroma es combustible inflamable, tu boca leño incandescente y tu mirada quema mi oxígeno,
podrá arder mañana esta hoguera que ilumina mi deseo,
habrá aún fuego en esta pasión descontrolada de querer quemarte para renacer en un orgasmo.

    Me consumo en esta noche que estás tan cerca y tan inalcanzable,
avivo mi fuego intentando que su calor o sus llamas te envíen un mensaje,
frente a un mar que se agita todo es combustión, ni las gotas de la lluvia aplacan esta hoguera,
se quema mi esencia, lo etéreo brilla aún más que este fuego.

   Danzas en mi mente en un baile que no fué y en un recuerdo que no será,
en el silencio de la noche solo mi corazón cruje, se acelera, te presiento, te siento sin tenerte,         
imagino que rozo tu piel cálida como para no apagarme en la fría soledad,
mientras la lluvia se empeña en mojar.

   Amanece lentamente, y lentamente mi hoguera ya no brilla con el sol,
con las horas el viento de la mañana solo empujará cenizas,
todo habrá pasado, el tiempo, la pasión, el deseo, los besos no dados,
quedará un leve aroma perfume, pero no hay hogueras bellas en los amaneceres.


Por Marcelo Ricardo Hawrylciw