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martes, 3 de junio de 2014

Se deshojó en Otoño



      
       Atardeceres de otoño, una canción de Sabina como cortina de las horas que pasan,
allí en la distancia que me priva de tu cuerpo, existe un misterio que seduce,
tú allí reinando sobre el tiempo, creando espacios de contacto y ausencias,
tentándome y alejándome con una sonrisa, desplegando la belleza de las ninfas.

       Endulzas con tus palabras, agudizas mis sentidos, vienes y te clavas en mi pecho,
susurras como una brisa tus sentimientos, te enciendes y te apagas,
estás tan lejana y a la vez tan cerca, que eres omnipresente,
como un hechizo llegan tus frases, como un huracán sacudes mi inspiración.

       Te vistes de musa, elevas las velas de mi barca y me obligas a navegar,
no hay rumbo, ni estrellas para guiarme, solo esa sutil melodía que cantas en soledad,
y así, como si solo pudieras existir desnuda, te despojas de lo que te cubre
para deshojarte en otoño y esperar a que ancle en tus caderas.

       Ya conozco tu mapa, ese rompecabezas que es tu cuerpo en mi mente, 
hay señales desplegadas, esperando ser recorridas, llanuras por lamer,
curvas para acariciar, lunares y bahías por besar, todo comienza y concluyé en tu sí, 
en tu mirada,  en el extásis de un orgasmo que concluya en primavera.


       

sábado, 2 de marzo de 2013

No amaneció

     Tus ojos tienen tanta voz en los silencios, que a veces me distraígo por escucharlos,
tu boca es fruta madura que invita a saborear en ellos el néctar de la pasión que golpea mi pecho,
tu lengua suave y tibia, tiene la textura exacta para rozar mi cuello y erizar mi piel,
tu sonrisa pícara me desafía a ir por más, a tomar tus cabellos y traerte hacia mí, para fundirnos en un beso.

     La noche no terminó, han pasado las horas y no amaneció, el día se fundió en tus negros cabellos,
el sonido de la lluvia se desata con la furia de este deseo, suspiras cuando recorro tu cuello,
y tus manos aprietan mis brazos como si quisieras aferrarte a un gozo eterno
tu cuerpo se mueve rozando el mío, mientras mi hombría erguida celebra tu danza de placer.

     Me tumbé sobre tu cuerpo, te besé desde los pies hasta los cabellos,
te recorrí con mi lengua y dibuje en tí el mapa de tus gemidos,
me aferré a tu cintura, acaricie tu espalda con la suavidad de los tímidos
para sorprenderte al zumbullirme entre tus piernas.

     No lo soñe, aún mi cuerpo huele a tí.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Besos del campo



Después de ti aprendí a disfrutar de los amaneceres con todos mis sentidos.
A buscar el sol en el horizonte, el canto de las aves en el silencio, el olor a tierra húmeda,
tu perfume mezclado con el aroma de las flores del llano, mientras tu pelo se mezcla con el trigo,
y tu figura se recorta en el verde, mientras mi mirada se pierde en ti.

En tu boca bebí el néctar del amor, maduro como la mies,
are en tu cuerpo con mis manos el terreno para sembrar mis sueños, mis metas y deseos,
en tus caderas me detuve a contemplar el cenit de la pasión
para arder en ti, como la hoguera de los atardeceres de fogón.

Te amé así como eras, sencilla, dulce, ingenua, suave,
con tus cabellos al viento, con tus ojos de cielo, con tus labios de fuego y tus manos de luna,
te amé con tu sonrisa de luz, y tus pies descalzos,
viniendo hacia mí, con la primavera de tu mano.

Aprendí a tomar mate, a degustar un tinto con el asado,
a bailar y a caminar por el campo aferrado a tu cintura,
contigo aprendí a escuchar los sonidos de la naturaleza, a admirar los astros por las noches,
a pronunciar tú nombre cada vez que pienso en el campo.