lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuando llega el otoño


Vivimos sintiendo, amando, odiando, riendo y llorando,

vivimos la vida convulsionados,

queremos y somos queridos,

vivimos etapas de verano, de primavera y de otoño.



Somos fuego y somos hielo,

arrogantes y débiles,

somos sol y somos luna,

canción y letanía.



Vivimos apasionadamente, dejando de lado la razón,

queriendo alcanzar nuestras metas,

tratando de agradar a los demás, de ser aceptados,

de vivir no siendo nosotros, disfrazados.



Tratamos de ser lo que no somos,

de vivir eternamente un verano,

somos actores desechados, creyendo que estamos triunfando,

y no vemos que el otoño se nos esta acercando.



Y llega a nuestras vidas, simples, mediocres, mundanas,

Y es entonces la hora de reflexionar sobre nosotros, sin disfraces, sin mascaras,

de calar hondo en el alma,

de abrir el corazón de la coraza y saber que en el otoño, solo el amor nos salva.



(Marcelo Ricardo Hawrylciw)

viernes, 10 de septiembre de 2010

Si hoy


Si hoy mi vida se terminara imprevistamente,
y la muerte me diera la oportunidad de un último deseo,
volvería solo para mirarte a los ojos y despedirme con un tibio beso,
tomándote de las manos y sonriendo.


Si hoy por cualquier motivo un hada o un duende me concediera tres deseos,
primero pediría que tus ojos me lleven a ese cielo que anida en tu alma y que deseo,
luego pediría que tus manos me guíen por los senderos del amor y de los sueños
para por último pedir que nunca nos separemos.


Si hoy tú no me faltas yo soy eterno,
porque he descubierto que tus palabras se graban en mi corazón a fuego,
que has rozado mi alma y te has quedado dentro,
si hoy no te digo TE QUIERO, tal vez mañana este muerto.




(Marcelo Ricardo Hawrylciw)

jueves, 9 de septiembre de 2010

En el purgatorio de los enamorados


Tu pérfido beso me condeno a un perenne dolor,

a un tiempo sin tiempo al purgatorio de los enamorados,

que viven añorando los besos que duelen en los labios,

los abrazos de los brazos que ya no están.



Hoy tu cuerpo es solo un recuerdo, banal, desesperado, indecente,

la suavidad de tu piel que era mi paz, hoy es mi tortura, el deseo que ya no podré cumplir,

hasta tu imagen es furtiva, te evades de mi mente como si fueras humo,

el humo de las cenizas del fuego que arde en mí, el infierno de pasión que dejaste en mi corazón.



Vivir para mí era solo transcurrir, dejarme llevar por el destino o las circunstancias,

Al conocerte mi vida cambio y vivir, paso a ser amar, perdurar, llegar al cielo con un beso,

Hoy de todo eso solo quedo la eternidad, del sufrir sin consuelo, del llorar más que el cielo,

De tocarme y saber que no es un sueño.



Escribirán mi nombre en el libro del purgatorio de los enamorados,

pasaré, quien sabe cuantos años,

escribirán mi nombre con mi sangre, la del alma, la del corazón, la que me desangra,

Y todos sabrán que mi condena es haberte amado, más que a mí, más que a nadie y no haber pedido Perdón a Dios por este pecado.



(Marcelo Ricardo Hawrylciw)

Tu vientre


Mujer que hermosa estas así sobre mi cama,

cuanta belleza, cuanta entrega hay en tu mirada,

tus ojos hermosos, más hermosos, hoy luminosos,

invitándome a perderme en tu cuerpo.



Que hermosa, que tentación irresistible tenerte así,

hoy te llamaría pasión, deseo,

que hermosa, tu cuerpo desnudo en mi cama,

desnudos el cuerpo y el alma.



Y me invitas sin palabras,

y me acerco fundiéndonos con la mirada,

y me dices con tus ojos aquello que callas,

y te abres como un mar para que te navegue, para naufragar en tu vientre.



Tu vientre, tu vientre claro y hermoso,

cálido y suave, esperando mis labios para ser besado,

esperando mis manos para ser recorrido,

y me aferró a tu cintura y mi lengua recorre tu vientre cual fruta madura.



Y ese mar que es tu cuerpo,

ese vientre que recorro, comienza a olear entre mis brazos,

y me hundo en ti,

me pierdo en tu cuerpo convulsionado.



Y zozobro en tus brazos, en tu pecho arqueado,

y tus piernas que me aferran a tu vientre,

y susurras en mi oído las palabras que callas, que arden de pasión,

y te quemas y me quemas, y tus uñas me marcan.



Y llega el éxtasis, y tu cuerpo ya no tiene secretos,

y te tensas y te desmayas,

y vuelven mis labios a tu vientre,

tibio, claro y hermoso, a tu vientre rindo mi cara.



Y así aferrado a tu vientre,

en el que encuentro la calma,

lo beso, lo acaricio, mientras tú te relajas,

porque eres así de hermosa recostada en mi cama.




(Marcelo Ricardo Hawrylciw)